Sobreviviendo

Bruselas es una ciudad gris. Las nubes se amontonan en el horizonte cubriendo el cielo de un tono negruzco que a veces, anuncia tormenta. Otras, solo una ligera lluvia molesta que a pesar de todo te cala hasta los huesos. Aquí uno aprende rápido que si parara la vida cada vez que llueve, no habría vida que parar. Aquí o se baila bajo la lluvia o se aprende a tolerarla.

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El rito de la despedida

Cuando tenía 18 años me fui de casa. De casa y de la ciudad donde nací. No recuerdo mi despedida. Recuerdo los abrazos. La sensación de vacío y miedo. Sobre todo el miedo. También recuerdo la presión en el pecho al subir al coche. La recuerdo porque es la misma que siete años después, tengo cuando subo al avión. He pasado siete años despidiéndome. Siempre estoy yéndome de algún sitio. Siempre estoy camino de alguna parte. Siempre.

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