Querida clase:

Hoy hace tres años que compré un billete de ida. Hoy, sigue sin haber billete de vuelta. Parece que en todo caso, habrá nuevo destino. Me llamo Bea, soy licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y desde hace casi tres años, vivo en Bruselas.

Mentiría si dijera que me fui por una crisis y una falta de oportunidades que ahogan a mi generación. Mentiría porque eso fue solo un factor. Yo me fui porque me dio la gana, porque quería salir de España y porque podía. Porque quería estudiar y trabajar en uno de los mayores centros de política del mundo, por eso me fui a Bruselas. Tuve una suerte que entiendo, otros no tienen.

Tal vez ahora que creo que volver no es una opción sí que sea uno de esos mal llamados “exiliados económicos.” Llámenlo por su nombre, por favor, nos vamos en avión pero somos emigrantes. Pero os contaré un secreto: hay gente que se queda y eso, también es una opción.

Llegué a Bélgica en quinto de carrera con una beca Erasmus y ya no quise marcharme nunca. La culpa la tuvo una ciudad que te atrapa. Bruselas es mucho más que la Unión Europea, chocolate y cerveza. También tuvo la culpa una universidad que me ofreció todo lo que ésta (casi siempre) me negaba: buenos profesores, un excelente programa y un precio más que asequible. Secreto número dos: me equivoqué en la solicitud al elegir la universidad. Fue uno de los mejores errores de mi vida. Secreto número tres: algunas de las mejores decisiones que vais a tomar en vuestra vida, podrían parecer errores. A veces lo serán y lo importante será lo que aprendáis; otras, sencillamente, no serán los errores que pensabais que eran.

El caso es que continué mis estudios. En 2013, tras acabar la carrera y rechazar un trabajo en la televisión local de Granada, comencé un máster en Relaciones Internacionales, conflictos, seguridad y paz. Probablemente pareciera estúpido en aquel momento. Hoy sé que fue una de las mejores decisiones he tomado nunca. El máster es bilingüe francés/inglés con contenidos que van desde las ciencias políticas al derecho internacional público. Lo adoro pero después de 5 años combinando clases y prácticas en medios, echaba de menos escribir.

Una vez leí que no hay carreras con salidas, hay personas con salidas. Y si las oportunidades no llegan, hay que crearlas. En mayo de 2014 hubo elecciones al Parlamento Europeo. Yo me dediqué a hacer campaña de mí misma a los medios españoles sin corresponsal para cubrirlas. Cuarto Poder confió en mí. Aquella crónica fue la primera de muchas.

Pasé medio verano estudiando. El máster fue mucho más duro de lo que esperaba. A pesar de haber pasado más horas en la biblioteca que en casa, fue un tremendo fracaso. Jamás había suspendido tantas asignaturas. Secreto número cuatro: estaba muerta de miedo. Dudé más en dos meses de mí misma de lo que lo he hecho en toda mi vida. Secreto número cinco: dudar es un deporte sanísimo pero procura confiar en ti siempre, más que en nadie y en los malos momentos, más que nunca. Secreto número seis: cuando aprobé en agosto (y no fue fácil) lo celebré bailando en mi habitación en pijama. La mejor forma de celebrar cualquier cosa es bailando.

El otro medio verano, lo pasé peleándome con la burocracia europea por una acreditación para las instituciones. El día de mi cumpleaños, rechazaron mi petición. Como regalo no tuvo precio. Pero el 16 de octubre de 2014, dos meses después, me la concedieron y os juro que ese trozo de plástico amarillo es lo más bonito que he visto en mi vida.

El año pasado fue uno de los más duros de mi vida tanto en el ámbito académico y profesional como en el personal. Secreto número siete: pensé en abandonar muchas veces; más de las que jamás reconoceré, os lo aseguro, pero hoy me alegro enormemente de no haberlo hecho. Secreto número ocho: si piensas en abandonar es porque aún no has encontrado la manera de hacerlo. Sigue insistiendo, es la única manera. Siempre hay una manera. También leí una vez que si tienes un porqué, siempre hay un cómo. Buscad el vuestro.

Trabajar como freelance no es fácil. Eres joven, desconocida y en una ciudad plagada de periodistas. Cada día es una lucha pero nadie dijo que esto fuera fácil. Yo decidí hablar de otra Europa, menos política y más social, menos de cifras y más de personas. Ese plástico amarillo me abrió un montón de puertas y me dejó contar un montón de historias. Pero os contaré el secreto número nueve y este es muy importante: la acreditación NO hace al periodista; tampoco la carrera.

En febrero de 2015, me cambió la vida. Después de más solicitudes de las que puedo recordar y más rechazos de los que merecía (creo), me llamaron por teléfono: “Has sido seleccionada para una beca en el departamento de prensa del Consejo de la Unión Europea”. Secreto número diez: ni si quiera recordaba haberla pedido. Secreto número once: me obligó mi madre, yo no quería. Por lo que más queráis, ¡HACED CASO A VUESTRA MADRE, SIEMPRE! A no ser que tengáis una buena razón… Secreto número doce: siempre encuentro alguna razón, incluso aquella vez y aún así, hice caso a mi madre. Secreto número trece: cuando me llamaron, rompí a llorar en el suelo de mi habitación y tardé en calmarme una hora. Eran lágrimas de felicidad y esas siempre son las mejores. Lloré por todos los rechazos; las horas buscando una motivación para poder escribir la enésima carta de; los días encerrada en la biblioteca; las horas de sueño perdidas; las prácticas no remuneradas… Lo llore todo. Lloré los últimos 6 años de mi vida.  Y qué bien me sentó hacerlo.

Así que desde hace tres meses, soy asistente de los jefes de prensa para Asuntos Exteriores y Consejo Europeo en el Consejo. He visto dos cumbres extraordinarias: una sobre Ucrania y otra sobre inmigración. He visto el primer saludo entre Tsipras y Merkel, el primer Eurogrupo de Varoufakis (y los otros tres que siguieron en quince días). He visto a la Unión llegar tarde a la tragedia del Mediterráneo que hace demasiado es menos mar y más cementerio. He visto a ministros dar la cara ante los medios y esconderla en una sala de juntas. He escrito cartas que ha firmado el Presidente del Consejo. He imaginado declaraciones entrecomilladas a una alta representante de política exterior europea. Y en unas semanas, veré reunidos a todos los líderes de la Unión Europea y América Latina, Cuba incluida. Veo pasar la historia ante mis ojos y joder, no me lo creo.

Está siendo una de las mejores experiencias personales y profesionales de mi vida. No solo por el trabajo que es una pasada, sino también por las personas: mis compañeros, mis jefes, los otros becarios… Me siento en casa, os lo juro. Secreto número catorce: creo que tengo síndrome de Estocolmo porque de hecho, para mí el Consejo es lo peor que le ha podido pasar a la UE, el grano en el culo de la construcción europea, la razón por la que las políticas no avanzan… Y prometedme que no le vais a decir a mi jefe que he dicho todo esto. Este secreto va en serio.

El caso es que esto también se acaba. En junio, finalizo las prácticas. En septiembre, el máster. Y bueno, es la primera vez en siete años que no tengo la menor idea de lo que voy a hacer con mi vida.

Cuando Sergio me pidió que os escribiese esta carta, supongo que lo hizo con la intención de dar esperanza a un grupo de jóvenes estudiantes de periodismo muertos de miedo. Secreto número quince: yo también estoy muerta de miedo.

Secreto número dieciséis: no pasa absolutamente nada.

No tengo la menor idea de qué voy a hacer pero tengo el resto de mi vida para descubrirlo. Lo bueno de no saberlo, es que puedo hacer cualquier cosa. Vosotros también, recordadlo. Yo  de momento, voy a seguir luchando por hacerme un hueco en esta jungla de asfalto, ruedas de prensa, sesiones plenarias y Consejos. Secreto número diecisiete: para mí esto solo es un paso, la meta es África. ¿Cómo? Ya veremos.

No sé quién narices soy yo para hacerlo pero para acabar me voy a permitir la licencia de daros unos cuantos consejos:

Consejo número 1: Leed. Mucho.

Consejo número 2: Leed muchísimo.

Consejo número 3: Leedlo todo: literatura, ciencias sociales, derecho, historia, periodismo. Leed mucho periodismo. A escribir se aprende escribiendo pero primero hay que leer, mucho. Leed a aquellos a los que admiráis y aprended de ellos pero sobre todo…

Consejo número 4: …sed críticos. Con vosotros, con ellos. Esto me lleva al

Consejo número 5: Rodeaos de personas que os digan las cosas que hacéis mal. No se aprende a base de halagos.

Consejo número 6: ¿Veis al compañero que tenéis al lado? Dentro de unos años, además de amigo será un contacto y un profesional del que aprender. Aprended de vuestros compañeros, ahora en la facultad y mañana en la redacción. Pero no lo olvidéis, antes que contacto o profesional, es amigo.

Consejo número 7: No existe la objetividad, sed honestos.

Consejo número 8: Preguntad. Mucho. Todo.

Consejo número 9 (éste lo robo): “Si tu madre te dice que te quiere, compruébalo.” Ya sabéis a lo que me refiero.

Consejo número 10: No importa lo que hagas, da el 100% o déjalo.

Consejo número 11: Sueña despierto y en voz alta. El delirio, decía Galeano, sirve para caminar. Sé que suena a libro de autoayuda pero para hacer cosas, primero hay que soñarlas.

Consejo número 12: Ponte metas a corto, medio y largo plazo. Así, irás avanzando poco a poco y no tendrás la sensación de no llegar a ninguna parte.

Consejo número 13: No te agobies si a veces tienes la sensación de que todo el mundo a tu alrededor avanza y tú estás parado.  Para hacer cosas grandes, hay que dar pequeños pasos y además, cada uno tiene su ritmo.

Consejo número 14: Escribe. Escribe un diario, una nota en el móvil, bajo una foto en Instagram, en un blog, en Twitter o en tu brazo en el autobús (verídico) pero escribe.

Consejo número 15: La pasión y la vocación son una responsabilidad pero a veces, también una carga. Sea lo que sea, que lo que hagas te haga feliz.

 

Secreto número dieciocho: hacer los sueños realidad duele pero siempre siempre SIEMPRE SIEMPRE merece la pena.

 

Querida clase*, mucha suerte y un abrazo.

 

 

* Carta escrita a los alumnos de una clase de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid a petición del profesor Sergio Príncipe. 

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